Bueno, también me dio una hermana y una sobrina –dice sonriendo y mirando a la escritora con ternura. Vino a Francia a buscarme con su niñita y la última carta de papá. Cuando las vi salir de la estación –yo no entro a las estaciones; las esperaba en la puerta- creí ver a mamá conmigo de la mano. Fue algo tan, tan emocionante, que supe que ya no me separaría de mí
Hermana. Ella, siempre ha sido valiente. Se atrevió a coger el tren, sola, con su hija y cruzar la frontera.
Ella tenía a su hija. Yo no tenía a nadie.
Gracias papá. Pero me duele tanto, no haberte conocido
Habla para sí; ensimismada y olvidando la presencia de las otras; casi llorando. Luego se levanta con mucha cautela y se acerca a un cesto de donde saca una muñeca y abrazándola se acurruca en el sofá. Acaricia el pelo de la muñeca y le dice cositas al oído susurrando: “No tengas miedo; no tengas miedo; no tengas miedo; no tengas...”
La escritora se mueve hasta el sofá, la abraza, le besa la frente y acaricia el pelo; tal como la
mujer hace con la muñeca.-Podemos hablar –dice- no nos oye.
- Es muy sorprendente como pasa de la lucidez a esto. ¿No le daba miedo a tu madre
dejarte a su cargo?
- En primer lugar no tenía muchas más posibilidades y yo ya no era un bebé.
Además, ella me cuidaba con esmero y mucho cariño.
Quedan las tres en un silencio íntimo y respetuoso. La periodista comienza a hablar en un tono muy bajo.
- Tenía mucho interés por conocerte; saber quien y que había detrás de tus historias de
mujeres. Estoy muy satisfecha de haber venido. Va a ser para mí todo un desafío contar vuestra historia, casi épica, pero que no tiene sentido si no se es capaz de ir más allá de los sucesos.
- Hace un rato me preguntabas ¿Qué es ser escritor?
Se trata de esto. Ser testigo de un momento en la historia de un ser humano -que inevitablemente será parte de la historia de un Pueblo-, recrearlo y contarlo.
Si puede ser, con ternura.
Otros segundos de silencio casi sagrado y la periodista pregunta: - ¿Crees que si la invito a venir a París vendrá?
De pronto, la mujer, vuelve de ese lugar desconocido donde se ha recluido con su muñeca, se yergue y levantando la mano y el índice, comienza a hablar con lentitud. Dice: -En una ocasión, un chamán me dijo que debía regresar a mis orígenes para borrar mi historia.
Calla, mira largamente a la periodista y continúa: -Señora, voy a volver con usted a París porque, seguramente “este sea el último tren”.
Hermana. Ella, siempre ha sido valiente. Se atrevió a coger el tren, sola, con su hija y cruzar la frontera.
Ella tenía a su hija. Yo no tenía a nadie.
Gracias papá. Pero me duele tanto, no haberte conocido
Habla para sí; ensimismada y olvidando la presencia de las otras; casi llorando. Luego se levanta con mucha cautela y se acerca a un cesto de donde saca una muñeca y abrazándola se acurruca en el sofá. Acaricia el pelo de la muñeca y le dice cositas al oído susurrando: “No tengas miedo; no tengas miedo; no tengas miedo; no tengas...”
La escritora se mueve hasta el sofá, la abraza, le besa la frente y acaricia el pelo; tal como la
mujer hace con la muñeca.-Podemos hablar –dice- no nos oye.
- Es muy sorprendente como pasa de la lucidez a esto. ¿No le daba miedo a tu madre
dejarte a su cargo?
- En primer lugar no tenía muchas más posibilidades y yo ya no era un bebé.
Además, ella me cuidaba con esmero y mucho cariño.
Quedan las tres en un silencio íntimo y respetuoso. La periodista comienza a hablar en un tono muy bajo.
- Tenía mucho interés por conocerte; saber quien y que había detrás de tus historias de
mujeres. Estoy muy satisfecha de haber venido. Va a ser para mí todo un desafío contar vuestra historia, casi épica, pero que no tiene sentido si no se es capaz de ir más allá de los sucesos.
- Hace un rato me preguntabas ¿Qué es ser escritor?
Se trata de esto. Ser testigo de un momento en la historia de un ser humano -que inevitablemente será parte de la historia de un Pueblo-, recrearlo y contarlo.
Si puede ser, con ternura.
Otros segundos de silencio casi sagrado y la periodista pregunta: - ¿Crees que si la invito a venir a París vendrá?
De pronto, la mujer, vuelve de ese lugar desconocido donde se ha recluido con su muñeca, se yergue y levantando la mano y el índice, comienza a hablar con lentitud. Dice: -En una ocasión, un chamán me dijo que debía regresar a mis orígenes para borrar mi historia.
Calla, mira largamente a la periodista y continúa: -Señora, voy a volver con usted a París porque, seguramente “este sea el último tren”.
1 comentarios:
No sabías como escribias, ahora te digo que me gusta
felicidades Enhorabuena y dale a tu sobrina las gracias porque te he podido leerte
besos
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